Nocturno alejandrino
Jinete desmañado la incuria sobre el mar.
Su espada atraviesa muros, íconos,
lerdos relojes en la noche extranjera.
La taberna deslumbra tras el vino.
Conforta al viajero en su íntima travesía.
Ay, del bello amor tardío, maldice,
mientras la desterrada pena retorna
al canto que solo él escucha.
Ay, fatuo honor de la patria, lamenta,
mientras un vendaval de siglos pule
el ardoroso borde, la copa roja.
Asoma el alba entre los barcos y
enjoya con relámpagos la piedra.
El viajero camina por las tiendas.
No hay súplica por otro amor vaporoso.
Alejandría, a la muerte. El último paso.
La mudez del canto regresa al mar.
A la belleza del origen su amor maldito.
Eterno concilio de dioses embriagados.
a Konstantinos Kavafis.
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